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jueves, noviembre 19, 2009

You pretend you're anything just to be adored.

Los historiales de msn son un peligro gente ¡Ojo con lo que dicen! A ver si algún día se publican y queda escrachada toda la hipocresía y falta de coherencia que vomitan, con tal de parecer interesantes y ser algo que resalte.
Dejensé de joder, en la vida hay que ser uno mismo, no clones de mediocres maquillados de líderes. Si después de todo querer resaltar es otro modo de buscar esa aceptación de la que tanto reniegan. ¿No eras rebelde? Entonces hacé tu vida. Rebelde hoy por hoy es el que se muestra en público tal como lo hace en privado, el que actúa con fundamento y convicción, no por deseo de pertenencia o de causar estupor.
¿De que te sirve dártelas de comunista, si después querés moler a golpes a los que te cortan la Panamericana por el conflicto de Kraft? ¿Qué ganas diciendo que los militares hicieron lo que tenían que hacer, si después llorás con un documental sobre desaparecidos?
Rebelde era Sócrates, que por nunca callarse terminó condenado. Rebelde era Copérnico, que se animó, convencido, a plantear un sistema planetario totalmente distinto al aceptado desde la época de Aristóteles, y que, para colmo, se oponía a la poderosa iglesia de la época.
Rebelde no es el que se pone palabras en la boca porque cree que así suena instruído y crítico, cuando no terminó de leer ni un libro de los filósofos y líderes que defiende. Rebelde no es el que idolatra a un ídolo de papel, que dice detestar a la sociedad y termina mostrandose perfectamente incluído en ella. Rebelde no es el que defenestra el órden establecido, pero día a día se somete a él en lugar de buscar un cambio. Rebelde no es el que se muestra insensible y contrario al pensar común, llegando al límite de lo cruel, pero no sabe fundamentar el porque de su pensar.
Rebelde tampoco será jamás el que desencaja no por naturaleza, sino por afán de llamar la atención. El que por tanto diferenciarse, termina volviendose igual al resto de los diferentes, a esa masa que se autodenomina a si misma "excluídos" pero son un grupo de consumo más.
Es hora de que tanto ignorante maquillado de sabio cierre la boca, de que tanto facho con corazón de plastilna deje de llenarse la boca solo para mostrar el atuendo malvado y resaltar. También es hora que todos esos pseudos-socialistas que viven cómodos en su casa capitalista mantenidos por mamá y papá dejen de vestir de rojo solo porque queda bien. Si pensás, si creés, sabelo sostener. No digas blanco y negro el mismo día, en diferentes horarios y por diferentes canales. Respetate un poco más, no tengas miedo al que dirán o no dirán. Jugando a la hipocresía, solo lográs ser un mediocre payaso más

domingo, noviembre 15, 2009

When you love someone, you say it, right there...

... if not, the moment just passes you by.
Esta es una de las películas en las que uno desea que el mal trinunfe. De esas en las que uno quiere asesinar a la buenita y golpear al galán hasta que reaccione. No sé que hago poniendo esta pelotudez en mi blog.


sábado, noviembre 14, 2009

Unifón (?)

FloR dice:
si mal yo tenia ganas pero se q si voy mañana voy a estar destruida
· м їяєїℓℓє dice:
claro
FloR dice:
no, personal tengo, jajajaj
· м їяєїℓℓє · dice:
JAJAJAJAJAJ que pelotuda XD

jueves, noviembre 12, 2009

Chamorrogate

La fiscal Prioletta puede tener pruebas concluyentes que certifiquen mi inocencia. Al parecer datan de julio 2009, fecha que poco concuerda con las épocas de paz que pudieron dar lugar a la prueba expiatoría. Aunque también se ha encontrado un archivo de octubre del 2008, que tranquilamente puede ofrecernos a mi y a mi abogado el éxito en este juicio social que parece no tener fin.
La srita. Prioletta está envíandome gentilmente el documento, al parecer, testimonial. Dicen que las palabras matan pero no pueden ser matadas. Siempre en contra mío esa afirmación, ahora parece estar a mi favor.


Las pruebas están a mi favor. Una absolución a la derecha, por favor. Gracias, vuelva prontos.

Epílogo (nota final a la triología)

Y al final, incluso la misma muerte, esa que guardo en mi placard, fue tuya alguna vez. Como una cadena sangrienta que nos ata, como si el final de tres historias no acabaran con ella. Porque, si, even in death we're the same.

Laberinto de cristal.

(este es el útimo cuento de la triología que comenzó con "Helado para su estómago" y continuó con "Bisturí". Son tres porque tres es el número perfecto. Porque faltaba el punto final, el cierre de lo que había quedado sin terminar. Ahora si, ya no se puede seguir hablando de estos dos personajes porque están muertos. Y dificilmente puedan reencarnar)

El laberinto de espejos es una trampa, crees que hay un pasillo cuando en realidad es un mero reflejo, crees hallar la salida pero te golpeas. Es otro engaño más.

Pero el peor de los espejos era el que cambiaba los rostros.Cuando en las noches de locura, ella se miraba en el espejo de living, descreía de él. No, eso no podía jamás ser un espejo. era un vidrio transparente que simulaba serlo. Porque lo que podía ver en el eran otros ojos, otro cabello, otro cuerpo. Pero sus movimientos, sus palabras, vaya similitud. Bastaba con que una diga A para que la otra dijese A. Bastaba siempre que exista una A para que enfrente apareciera la otra, acción, reacción, unas veces por simple deseo de estar al mismo nível, de mostrar poderío, añejo o joven. Era cuestión de ostentar, en la nobleza, por más deslúcido que se encuentren los títulos, siempre podremos llamarnos reinas o princesas. Hay que mostrar el oro que recubre los recuerdos que el otro ¡Nuevo rico! no podrá tener. Porque el pasado, el pasado le pertenece solo a aquel que lo vivió.
Otras veces esas coincidencias no eran buscadas. Pero no hablaban de casualidades, ninguna podía creer en ellas. Miraban entonces desconfiadas a la pantalla que se les presentaba, queriendola destruir. Pero solo quedaba humo. A veces una se despertaba y daba dos pasos, para enterarse que la otra, al mismo tiempo, había dado esos mismos dos pasos. Ahí no podían acusarse de competencia desleal, claro que no. ¿Cómo hacerlo si ninguna había sido conciente del accionar ajeno? ¿Cómo predecirlo, si había sucedido todo al mismo tiempo?.
Estaban en lados diferentes de la vida, y sin embargo mantenían esas similitudes que en su momento las habían acercado, y luego alejado. Siempre las mismas. Porque dos personas son enemigos solo si tienen algo en común. Imaginen entonces, que puede pasar si tienen mucho.
El laberinto estaba perfectamente iluminado. Olía a humedad, a madera mojada. Sus pisos resbalaban un poco. Y luego de recorrerlo un buen rato, se vieron frente a frente. Después de meses. Ambas creyeron, con razón, que se trataba de un engaño psíquico. Eran muy parecidas, si. Podían llegar a ser calcos cuando se alineaban los planetas o sus enojos. Pero sus rostros, sus cuerpos, eso que aparece reflejado, no, no eran los mismos. Y sin embargo, ahí estaban mirandose. Atinaron a acercar sus manos al vidrio, al mismo tiempo. Se apoyaron en el mismo lugar. Miraron a su alrededor. Las dos encontraron lo mismo: contra la pared, como salida de sus propias mentes, una maza. Cada una tomó la que le correspondía, la miró dubitativamente. Hacía calor en el laberinto, se sentía la humedad impregnando todo, y el vaho veraniego las mareaba, no sabían ¿Verdad, mentira?. Ambas pensaban, con su maza, que pasaría si se animaban a dar el paso y el golpe. Ninguna sabía si todo eso era real ¿Quién era la verdadera y quién la imaginaria? Dos realidades cruzandose, de nuevo, por siempre.

Pero era un espejo ¿Qué peligro había en trizar un simple reflejo? No estaban frente a un retrato maldito, como el de Dorian Gray, que les daría muerte en caso de intentar destruírlo.
Era un vidrio, en un laberinto de espejos. A lo sumo una multa devendría, unos días en prisión. Pero matar la obsesión no tenía precio.

Dos pasos hacia atrás, tomar impulso y golpear con la maza el reflejo. Y sentir como otra maza se inctrustaba en sus cráneos, junto con vidrios, con el calor y la humedad.
Titular en los diarios, misteriosa muerte de dos jovenes, a causa de un letal golpe de maza en sus respectivas cabezas. Nadie preguntó por la maza. Las autoridades explicaron que en el lugar de los hechos, por error, no se había colocado un espejo, sino un simple vidrio. Transparente. Solo eso. Pero no se hallaron respuestas que expliquen el crímen.

Alguien se encargó de poner a un hombre al tanto de los decesos. Tal vez podrían intersarle. Lejos, donde estaba cuando recibió la macabra noticia, dejó de lado su trabajo por un rato y bajó la cabeza. Fue el único que no se preguntó ningún porqué. Ya sabía todos. Había sido alguna vez el premio. Ahora el dios que mereció el sacrificio. Y para los dioses, no hay preguntas jamás.



miércoles, noviembre 11, 2009

Conchetumadre

Yeah, take a deep breathe, and now, exhale. Exhale again, again. Til you feel there's no air left in your lungs. Til your chest flattens more. Is it that possible? Exhale honey, exhale. Exhale coz there's no sense in faking what you'll never ever have.

lunes, noviembre 09, 2009

Cuando no hay "face to face"...

Violeta dice: nada dice "estoy teniendo un serio tic nervioso en el ojo en estos
momentos" como









...hay emoticones.

Mañana

Los golpes en la puerta despertaron a Hernán, eran las dos de la madrugada y no esperaba a nadie. Mucho menos un domingo.
Las llamadas telefónicas en plena noche, gente llegando en la madrugada siempre fueron su fobia. Recordaba vívidamente el día de su infancia, ahora tan lejano, en que oyó sonar el teléfono una fría medianoche de julio. El resto era dolor y congoja, su madre llorando, él preguntando el porqué. Su hermano mayor, camionero, muerto en la ruta. No más domingos en la cancha, no más asados con su risa de fondo. No más viajes en el camión, de acompañante, no más consejos, no más hermano.

Pero alguien golpeaba sin parar la puerta, temía abrir, pero no podía huir. Afortunadamente era Hilda, su amiga de toda la vida, su hermana postiza y confidente. Estaba radiante, con una sonrisa de oreja a oreja. Gritaba, saltaba.
- Lo logré, lo logré Her, no me vas a creer pero lo logré.
- ¿Qué lograste? – Hernán quería reir también, no entendía pero esa euforia le causaba risa.
- La máquina del tiempo boludo, lo logré.
La conversación, en ese instante, se tornó surrealista. Hernán creyó, primero, que Hilda estaba drogada o fumada. Pero no, solo estaba diciendo cosas ilógicas.
- Vos no me entendés, vengo del futuro.
Ahroa si, nada tenía sentido. Una Hilda igual a la de todos los días decía venir del futuro, decía haber inventado la máquina del tiempo. Hernán comenzó a creer que seguía dormido y que todo era un sueño.
- Explicame nena, porque si seguís así voy a creer que estás en pedo o estoy soñando.
Hilda decía venir del futuro, de la noche del 17 de marzo. Pero Hernán estaba seguro de que el calendario marcaba recién la madrugada del 16. La única manera de comprobarlo era preguntarle sobre los días próximos, y por supuesto, esperar que todo aquello que Hilda pudiese decir, sucediera.
- Mañana, bueno hoy, porque ya estamos de madrugada, se te va a escapar el gato. Va a aparecer a las tres horas, pero vos me vas a llamar desesperado, como me llamás siempre que te pasa algo. Vamos a salir a buscarlo, y después de volver a tu casa con toda la tristeza del mundo, lo vamos a ver en el balcón, como siempre. A ver, que más. Te van a echar del laburo, por llegar tarde. Y vas a llegar tarde porque después de encontrar a tu gato en el balcón, nos vamos a acostar. No me mires así boludo, vos me preguntaste sobre el mañana. Si querés mas detalles, todo va a pasar sobre el sillón de tu living. El de los almohadoncitos tejidos por tu vieja. Bueno, después de eso te vas al laburo, te echan por llegar tarde de nuevo, y cuando volvés a las puteadas en el bondi, te va a sonar el celular. ¿Viste ese proyecto de fotografía para el que habías dejado el curriculum hace dos meses? Bueno, justamente de ahí te van a llamar. Así que mirá, que te hayan dejado sin laburo va a haber sido una suerte. Llegás, ocho y media de la noche por el tráfico, y te encontrás con un mensaje en el contestador. De Laura. Que quiere devolverte un par de cosas que quedaron en su departamento, una planta de plástico y un disco de los Bee Gees. Que si podés, pases a buscarlos en esos días, porque ella se va a vivir a provincia y no quiere perderlos en la mudanza. Ah, ¿No sabías que se muda?. Si, se muda. Vas a comer tarta de zapallito, que previamente te va a traer tu vieja en un tupper azul. Yo sé que querés saber cómo sé todo esto, si te estuve espiando o algo. No, pero en el viaje temporal aproveché para mirar todo lo que hiciste a lo largo de estos días, ya que sabía que me ibas a preguntar para tener pruebas sobre mi descubrimiento. Es como mirar una película al revés. Después de cenar vas a encontrar Godzilla en el cable, y la vas a ver un rato, hasta quedarte dormido. Te vas a despertar el 17 a la mañana, y no vas a desayunar, porque no vas a tener leche ni pan para tostar, solo manteca, pero con eso no hacés nada. Como no vas a tener nada que hacer en todo el día, porque el laburo nuevo lo empezás el viernes, te vas a poner a pensar que podés hacer. Entonces te llama tu mamá, para pedirte un importante favor: que le vayas a buscar un par de zapatos que dejó en el zapatero. Como sos buen hijo y no tenés ganas de cocinar al mediodía, le vas a hacer el favor, esperando que te invite a comer con ella, que te prepare alguno de sus platos que tanto te gustan.
- Pará, pará un poco…
- No, dejame terminar Herni, porque sino después podés argumentar que no terminé de decirte lo que iba a pasar y blah blah. Te conozco. Bueno, después de comer en lo de tu vieja, el 17, vas a volver a tu casa y vas a dormir tremenda siesta, porque te quedaste dormido viendo un documental sobre plantas carnívoras. A eso de las cinco de la tarde, te va a despertar un llamado mío, te digo de venir a mi casa, porque tengo algo importantísimo que contarte. Vos no te bañaste en dos días, así que antes te pegás una ducha y le das de comer a tu gato. A eso de las siete, entre pitos y flautas, caés en casa. Y yo, con la misma sonrisa enorme que me viste en la puerta hace un rato, te voy a contar que descubrí la máquina del tiempo. Y te explico todo. Y me creés. Te digo que voy a viajar al pasado para avisarte. Te reís. Desaparezco. Y el resto es historia.
Hernán definitivamente no sabía que hacer, si morirse de risa o internar a Hilda. Solo quedaba una pregunta por hacerle, pero ella ya estaba saliendo por la puerta a la velocidad de la luz.
- Bancá, si venís del futuro, si descubriste la máquina del tiempo ¿Cómo es?
- Ay Herni, esperá hasta el 17. Que a las 7 te la muestro.



Totalmente desorientado, Hernán cerró la puerta con llave y se volvió a acostar. Increíblemente, se quedó dormido en un minuto. Cuando se despertó, se sorprendió al no ver a su gato en el comedor, bajo la mesa, como todas las mañanas. Un escalofrío le recorrió la espalda, recordando la madrugada anterior. Pero luego, la angustia fue más fuerte, ese gato era todo para él y no podía, no quería… Llamó a Hilda por inercia. En momentos problemáticos, siempre la llamaba, como llevado por el viento hacia ella. Salieron a buscarlo, miraron desde la terraza los techos recorrieron las cuadras aledañas a su casa, pero no podían dar con él. Tristes luego de tres horas de búsqueda, volvieron juntos a la casa de Hernán. Y en el balcón, dormitando bajo el sol, yacía el gato. Hernán miró a Hilda desorientado. Iba a comentarle lo de la noche anterior, pero no pudo. Por primera vez desde que había llegado se detenía a mirarla. Estaba más hermosa que de costumbre, con una pollera que dejaba al descubierto las piernas más hermosas que jamás había visto, y una musculosa de espalda descubierta que ningún hombre podía evitar mirar. ¿Qué le estaba pasando? Quería agarrarla y tirarla sobre la superficie más cercana, quería arrancarle todo. Ya no podía pensar, estaba acercándose violentamente y ella estaba entregándose a los besos y a la desesperación del amor. El sillón y los almohadones, cercanos testigos.
- Vos viniste anoche a verme. Y me dijiste que esto que pasó iba a pasar.
- No seas estúpido, anoche estuve en lo de Juli, terminando un trabajo. Si querés llamala
- No, te creo, pero…
Hernán miró la hora de repente. Llegaba tarde al trabajo. Salió a las corridas, Hilda salió atrás. Cuando llegó, el jefe lo recibió con la peor de las noticias: estaba despedido. Un enojo sobrenatural lo invadió, pero sabía que había llegado tarde varias veces anteriormente, y había faltado también. Se lo merecía, por irresponsable. Tomó el colectivo repleto de gente, aún enojado consigo mismo. Hasta que sonó el celular. Había sido seleccionado para llevar a cabo una importante sesión de fotos para una revista muy conocida, y querían que también haga las siguientes. Estaba contento, eufórico, hubiera querido gritar, pero lo iban a mirar mal, mejor mantenía las formas, no había razones para crear desconfianza. De la alegría había olvidado la visita de Hilda la noche anterior. De la alegría y del hambre que tenía al llegar a su casa. El contestador tenía un mensaje de Laura. Se iba a mudar, tenía cosas que devolverle. Que pase pronto, no iba a ser cosa que se perdieran en la mudanza. Sobre la mesa encontró un tupper azul, con una porción de tarta de zapallitos, pasé por acá a dejarte un pedacito por si venías con hambre, te quiere, mami.
Godzilla en la tele, el sueño lo venció antes del final. La mañana siguiente lo encontró hurgando la heladera en busca de algo más que manteca para desayunar. Pero solo eso había. Mientras pensaba en que podía hacer durante el resto del ocioso día, sonó el teléfono. Era su mamá, pidiéndole un pequeñísimo favor: que le retirase un par de zapatos negros del zapatero de la estación. Aceptó con gusto, después de todo podía ganarse un almuerzo casero, cosa que terminó por suceder. Cuando volvía a su casa, recordó la visita de Hilda de la madrugada del día anterior. Todo estaba saliendo como ella había dicho, absolutamente todo. Intrigado, se acostó un rato a mirar televisión. Estaba pasando por un canal de documentales, cuando le sonó el celular. Un mensaje de texto de la empresa de telefonía, de esos que molestan. Miró de nuevo la pantalla. Plantas carnívoras. Bueno, tal vez el documental podía ser interesante, si, por qué no. No lo era. Dormir fue mejor plan.
Las horas de sueño se comieron la tarde prácticamente en su totalidad, solo el teléfono pudo despertarlo. Hilda.
- Vení a casa, por favor, tengo algo que decirte.
- Si, ya sé que tenés algo que decirme.
- ¿Eh?
- Ya voy.
Cumpliendo con lo predicho por simple diversión, pero además después de notar que olía bastante mal y que no quería asquear a su amiga, se duchó y tomó el tren que lo llevaría a la casa de Hilda.
Y en cuanto le abrió la puerta, vio su sonrisa radiante, triunfal.
- Ya sé, la máquina del tiempo.
- No, pero bien que te la creíste. Como si no hubiera podido mandar a secuestrar a tu gato, vestirme lo más perra posible, complotarme con tu ex jefe para que se prenda en la joda, ya te va a llamar para avisarte que nunca te despidió, conseguir que mi viejo se haga pasar por el tipo de la sesión de fotos, pedirle a Laura que llame y a tu mamá que te traiga una porción de tarta y de paso te vacíe la heladera, dejando solamente manteca. Como si fuera muy difícil leer la revista del cable para poder decir que película van a dar, como si no te conociera lo suficiente como para decir que te ibas a quedar viendo Godzilla y ¡Como siempre! te ibas a dormir. Tu mamá muy copada, aceptó llamarte para que le hagas el favor, y después te preparó el almuerzo que le pedí. Y era tan evidente que si veías un documental de plantas carnívoras te ibas a quedar dormido ¡Nadie los aguanta! Sos un bobito. Y para colmo logré acostarme con vos. Qué fácil de manipular sos.
- Hilda, querida, hay un solo problema.
- ¿Cuál? ¿Qué te sentís un boludo a la enésima potencia?
- No. Que si vi el documental de las plantas carnívoras fue porque de repente desapareció el control remoto.
- …
- Ja, ahora caíste vos. Nunca tuve control remoto.

domingo, noviembre 08, 2009

Hay delay, hay delay. Ya no hay delay

Hay delay, hay delay. Ya no hay delay
salían las palabras del altoparlante lejano
y un par de oídos las masticaban,
con la espalda hundida en las rejas celestes
y los ojos en la nuca clavados
en un pestilente mar de ciudad,
que decía con su superficie verde emanar muerte
pero en el fondo brillaba la vida
de los renacuajos confusos, que nadaban desesperados
ansiosos, enloquecidos, como esperma desaforado
buscando el óvulo codiciado
que allí aún no estaba.
No iban a encontrars entonces, no habría pasión
ni vital calor, como cuando había delay, hay delay.
Ya no hay delay.